Mi mujer tiene pasión por el jardín de la casa que tenemos en Cuernavaca. Cuando nuestra hija nos notificó que deseaba hacer su boda precisamente en él, mi esposa puso una única condición: que le cuidaran el jardín y que le aseguraran que después de la boda todo quedaría igual.
Una de nuestras preocupaciones más grandes al planear la celebración fue que las cosas se montaran de tal manera que el jardín no se dañara. Carpas Casablanca ideó dos espacios con piso: una capilla y el área del banquete, y los conectó entre sí y hacia la puerta de entrada mediante pasillos, de tal forma que a tres días del evento ellos desmontaron todo y el jadrín quedó intacto.
Raúl Delacroix |